“Del Informe Mundial se desprende claramente que, a pesar de una ligera disminución en 2018 del número de personas que padecen inseguridad alimentaria aguda –la forma más extrema de hambre–, la cifra sigue siendo demasiado elevada. Debemos actuar a gran escala, vinculando el desarrollo humanitario y la paz para aumentar la resiliencia de las poblaciones vulnerables afectadas. Para salvar vidas, tenemos también que salvaguardar los medios de subsistencia”, aseguró el director general de la FAO, el brasileño José Graziano da Silva. “Para poner fin de verdad al hambre, debemos atacar sus causas profundas: los conflictos, la inestabilidad y los efectos de las crisis climáticas”, agregó el director ejecutivo del PMA, el estadounidense David Beasley.

Las conclusiones del informe suponen un enérgico llamamiento a una cooperación reforzada que vincule la prevención, preparación y respuesta para abordar las necesidades humanitarias urgentes así como sus causas.

De acuerdo con los parámetros establecidos por la FAO, el hambre crónica aparece cuando una persona es incapaz de consumir suficientes alimentos para mantener un estilo de vida normal y activo durante un período prolongado. A su vez, se llega a la inseguridad alimentaria aguda cuando la incapacidad de una persona para consumir alimentos adecuados pone en peligro inmediato su vida o sus medios de subsistencia.

El último informe de la FAO sobre “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo”, publicado en setiembre, indicó que 821 millones de personas en el planeta padecen hambre. Esta cifra equivale a algo más de 11% de la población mundial.

El número de 113 millones de personas que se enfrentan a la inseguridad alimentaria aguda, revelado en el informe presentado a principios del mes de abril, es ligeramente inferior a los 124 millones de 2017. Sin embargo, la cantidad de personas en el mundo que padecen estas crisis alimentarias se ha mantenido por encima de los 100 millones en los últimos tres años, y el número de países afectados ha aumentado. Además, otros 143 millones de personas en otros 42 países están solamente a un paso del hambre aguda.

De acuerdo con los datos recabados durante las investigaciones, casi dos tercios de las personas que padecen hambre aguda se concentran en sólo ocho países: Afganistán, Etiopía, Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen. La investigación establece también que 58% de los afectados por la inseguridad alimentaria viven en 33 países africanos, 24% en siete países y territorios de Medio Oriente (con un peso muy importante de Yemen, donde la crisis afecta a más de la mitad de la población), 13% en cuatro países de Asia y el sudeste asiático y el restante 5% en las regiones de Ucrania afectadas por el actual conflicto bélico –las Repúblicas de Donestk y Lugansk– y en países de América Latina.

Los países latinoamericanos más golpeados por esta situación son Haití, con 2,3 millones de personas afectadas, y El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, que suman 1,6 millones.

Además, de acuerdo con los datos, en otros 17 países del mundo el hambre aguda se mantuvo o aumentó.

Los desastres climáticos y naturales condujeron a otros 29 millones de personas a la inseguridad alimentaria aguda en 2018. Y 13 países –Corea del Norte y Venezuela, entre otros– no están incluidos en el análisis debido a la falta de datos fidedignos acerca de la realidad alimentaria de su población, según explicó a la agencia de noticias AFP Dominique Burgeon, jefe de situaciones de emergencia de la FAO.